La comida nos encantó: todo lo que pedimos estaba buenísimo y se nota que la cocina es de nivel. Sin embargo, el servicio (era una camarera en concreto, los otros camareros eran totalmente diferentes, para bien) dejó bastante que desear.
Nuestra camarera no supo explicarnos qué llevaban los platos, simplemente repetía que “estaban muy buenos” sin darnos más información. Esto no solo es incómodo, sino que se vuelve algo grave cuando hay intolerancias o alergias en la mesa. Al preguntar por los alérgenos de un plato, nos dijo directamente que no hiciéramos caso a la carta porque “estaba mal”, algo completamente inaceptable y hasta ilegal. Lo correcto habría sido decir “voy a comprobarlo” o al menos mostrar interés.
Además, había platos fuera de carta (como el paparajote) que vimos al salir y que ni siquiera nos ofrecieron (y nos hubiéramos pedido mínimo 6 de ellos) De hecho, para rematar, no nos apeteció pedir postre porque ni sabía que llevaba, entonces pedimos la cuenta. Su respuesta fue: "habéis cenado muy poco… " como juzgándonos. La cara de los 6 que éramos era un poema… por no decirle, amor mío, si no sabes ni decirnos que lleva cada plato, no nos la vamos a jugar.
Una pena, porque la comida de verdad que merece la pena, pero no volveremos por el momento. Ojalá mejoren la carta de alérgenos y tengan más en cuenta las necesidades de los comensales 🥲