Guillermo Rodríguez

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Review of Residencia Geriatel Rivas
Guillermo Rodríguez
Guillermo Rodríguez 2024.01.04
     
Bienvenidas y despedidas Ella llegó en marzo de 2018. Ese día todo fueron agasajos y bienvenidas. Faltaron las fotos y los aplausos. Ella nunca dijo nada pero yo leí en sus ojos que la había dejado en manos de gente muy amable pero extraña. Ella murió en agosto y esa medianoche, cuando llegamos para ver el cadáver, no había ningún comité de recepción, bueno, qué digo, no había absolutamente nadie para explicar cómo había sido la muerte; sólo dos o tres mujeres del servicio que nos llevaron hasta la sala mortuoria. Pero es normal, eso no lo dice la publicidad: la muerte es lo cotidiano, lo habitual en estos lugares. Aquella misma tarde, ella estaba malita y quise esperarla para verla y seguir con ella a la salida de la cena. Fue inútil; me invitaron a marcharme de la residencia. Dos o tres horas después falleció. Me quedaba la posibilidad de que me dieran copia de alguna foto de ella en las fiestas que hacían; me negaron la foto también porque... por protección de datos, como salían otras personas en la foto, no me la podían dar. Imaginen ustedes todas las denuncias que podían haber tenido por darme esa foto. ¡ Qué gran humanidad ! Ni siquiera llegué a saber nunca cómo fueron sus últimos minutos. Eso también me lo llevaré yo a mi tumba. Creo que habría que impedir por ley que esta gente niegue la estancia en comidas, cenas o noches a los familiares, que son los que llenan sus bolsillos. ¿ Quién puede saber lo que pasa por las noches, qué tipo de medicamentos se les dan, atados a las camas, para que no molesten y estén al día siguiente cuando vas a verlos, completamente adormilados. Personalmente, haber metido a mi madre en ese local, es una culpa que me atormentará hasta el último día de mi vida. Ahora he visto que se andan anunciando por ahí con cientos de servicios, dándose aires como si fueran la octava maravilla del universo. Os pido desde aquí que no abandonéis a vuestros mayores en los últimos días de sus vidas en estos sitios sin alma, donde, como he explicado, llegan a morir peor que perros de compañía, cuando son personas que lo han dado todo por vosotros. No lo hagáis, por favor. Arregladlo como podáis. Siempre, cuando paso por delante de uno de estos lugares, pienso que, muy probablemente, a mí también me toque, como castigo, vivir mis últimos días en estas cárceles de tristeza, con buenos empleados, pero con criterios empresariales desalmados e inhumanos, basados en el lucro, por muchas mendacidades y patrañas que exhiban en esa publicidad que esconde la verdadera cara de la tristeza. Es sólo mi opinión, nada más. ( Ya sería un gran logro si permiten que esté texto salga ).